El Museo de la Emigración Noruega, situado cerca de Hamar, narra la historia de uno de los grandes movimientos poblacionales de Europa. Entre 1825 y 1930, casi 900 000 noruegos partieron hacia América, una cifra asombrosa para un país que apenas contaba con dos millones de habitantes en el momento álgido del éxodo.
La sección al aire libre es lo que hace que este museo destaque. Se trajeron ocho edificios auténticos del Medio Oeste estadounidense, construidos originalmente por colonos noruegos entre 1870 y 1920. Pasear por una cabaña de troncos de Minnesota o sentarse en una escuela de una sola aula de Wisconsin permite hacerse una idea tangible de la experiencia de los inmigrantes. La iglesia de Oak Ridge, también trasladada desde la pradera, acogió servicios religiosos en noruego hasta bien entrado el siglo XX.
En el interior, la exposición principal«Ukjent landskap» (Paisaje desconocido) se creó con motivo del 200.º aniversario de la primera emigración noruega organizada en 1825. Presenta cartas personales, diarios y pertenencias de emigrantes cuyas historias habían pasado desapercibidas hasta entonces, entre ellos mujeres, niños y aquellos que regresaron decepcionados. La colección cuenta con miles de«amerikabrev»(cartas de América), los relatos escritos a mano que animaron a vecinos y familiares a seguir sus pasos.
Los motivos para marcharse fueron principalmente económicos. Las granjas noruegas se dividían entre los hijos hasta que las parcelas se volvían demasiado pequeñas para subsistir. América ofrecía tierras baratas y oportunidades. Algunas comunidades perdieron a la mitad de sus jóvenes en una sola década. El museo no idealiza el viaje; también aborda las penurias, la soledad y los lazos rotos que conllevaba empezar de cero en otro continente.
La sección al aire libre es lo que hace que este museo destaque. Se trajeron ocho edificios auténticos del Medio Oeste estadounidense, construidos originalmente por colonos noruegos entre 1870 y 1920. Pasear por una cabaña de troncos de Minnesota o sentarse en una escuela de una sola aula de Wisconsin permite hacerse una idea tangible de la experiencia de los inmigrantes. La iglesia de Oak Ridge, también trasladada desde la pradera, acogió servicios religiosos en noruego hasta bien entrado el siglo XX.
En el interior, la exposición principal«Ukjent landskap» (Paisaje desconocido) se creó con motivo del 200.º aniversario de la primera emigración noruega organizada en 1825. Presenta cartas personales, diarios y pertenencias de emigrantes cuyas historias habían pasado desapercibidas hasta entonces, entre ellos mujeres, niños y aquellos que regresaron decepcionados. La colección cuenta con miles de«amerikabrev»(cartas de América), los relatos escritos a mano que animaron a vecinos y familiares a seguir sus pasos.
Los motivos para marcharse fueron principalmente económicos. Las granjas noruegas se dividían entre los hijos hasta que las parcelas se volvían demasiado pequeñas para subsistir. América ofrecía tierras baratas y oportunidades. Algunas comunidades perdieron a la mitad de sus jóvenes en una sola década. El museo no idealiza el viaje; también aborda las penurias, la soledad y los lazos rotos que conllevaba empezar de cero en otro continente.